Donde vamos a llegar?

Nacionalismo + socialismo me hace pensar en una terrible combinación que tuvo su auge en Alemania hace un tiempo. Hablo de un episodio que todos los alemanes quisiéramos borrar de nuestra memoria. Pero aquí en Catalunya no hemos llegado tan lejos, ¿verdad?. Birgit

Así contestaba Birgit a mi crítica a la creación de “desdebaix”, una nueva opción política que se reclama Soberanista, Catalanista y de Izquierdas. Y aunque el orden no altera el resultado de la suma, si marca prioridades, a mi modo de ver…

En mi escrito no acusaba a nadie de Nacional+Socialista pero ciertamente algo capto Birgit en mi calificación de protofascistas dedicada a los promotores del invento (La protoindustrialización no era industrialización pero condujo a ella). O fue simplemente en la unión que ellos hacen de las palabras Izquierda y Nacionalismo, que siempre ordenan al revés que los nazis. Es evidente que existe una tendenciosidad en su orden como en el que yo les aplico y cada uno tiene sus razones. Las mías ponerles delante de un espejo en el que se vean reflejados y las suyas, supongo, cierto miedo a que alguien les asocie rápidamente con hechos del pasado como los que Birgit quiere borrar de nuestra memoria.

Llamativo el hecho que los alemanes estén deseando borrar de su memoria el recuerdo del Nazismo y que en España se este tan obsesionado con crear una memoria histórica. Un día habremos de pararnos a debatir si lo importante es que se conozca la Historia con mayúsculas y con toda la verdad y otra si se quiere construir una “Memoria Histórica” como arma política para manipular el presente.

Quisiera en este punto recomendar el articulo de Fernando Sabater “Recuerdos envenenados” de 22/junio/2010 y publicado en la Web de ACP y que podéis leer clicando sobre su titulo.

Es evidente que la Cataluña actual no es la Alemania de los años 30 y que como afirma David Rieff en la referencia que sobre su libro hace Sabater en su artículo es muy difícil que se repita la historia en los mismos términos, pero es indudable que el virus que alimentó el Nacionalismo alemán e italiano es el mismo en su base ideológica que el de otros nacionalismo tardíos como el catalán, el padano, el servio o el vasco. Un nacionalismo romántico que se fija en elementos étnicos para definirse. Nada que ver con la idea de Nación de ciudadanos de la revolución francesa.  Otra cosa es las formas que cada uno de ellos tiene para adaptarse a cada circunstancia histórica pero con un fin ineludible: La Construcción Nacional.

Se puede argüir como hacen muchos críticos del nacionalismo que este (el nacionalismo) es una coartada para el enriquecimiento de la casta política que lo lidera, pero esta es solo una verdad a medias. El nacionalismo vasco y catalán flirtearon con el Franquismo como estrategia de supervivencia (independiente de las cercanías ideológicas, sabido es el gusto por los fueros vascos del Dictador, tanto que nos dio un fuero a todos los españolitos) y parece claro que con tal de llegar a conseguir sus fines pueden llegar a tensar la cuerda cada vez más.
Y si, no estamos tan mal, tampoco estaban inicialmente tan mal en Alemania, ni en Sarajevo, ni… ni…   pero quien nos garantiza que no lleguemos a estar peor. ¿Cuanto de lejos podemos llegar?

Vicente Serrano
Barcelona, 14 de noviembre de 2010

2 Comments

  1. Birgit 15 noviembre 2010 23:21

    Muchas gracias, Vicente, por haberte tomado el tiempo de reflexionar sobre lo que te escribí. Creo que tienes razón, el tema del odio (miedo) al otro es muchas veces el inicio de un gran disparate que nos lleva a situaciones terribles. El mayor culpable: el prejuicio, enfermedad que padecemos todos (y todas) en mayor o menor grado aunque nos cueste admitirlo.

    He pensado sobre este tema y llego a la conclusión de que es difícil librarse de él, ya que nos obliga a ser flexibles a la hora de analizar. Creo que estamos un poco obsesionados con la idea de clasificar a todos por su ideología, porque al final resulta casi siempre simplista: Ser de izquierda, de derecha, conservador, nacionalista, liberal, xenófobo, o “facha” (palabra utilizada alegremente, muchas veces sin reparar en su definición real). Muchos de nosotros tenemos tendencia a seguir ideales políticamente correctos en según qué momento. ¿Por miedo al rechazo? ¿Por desidia y comodidad? ¿Por todo un poco?

    Creo que debemos estar muy cautos en cómo calificamos a los demás. No deberíamos nunca perder la capacidad de escucha, ya que rápidamente inferimos y pensamos saberlo todo sobre el otro. Según lo que diga, uno es automáticamente encasillado, y a mi juicio ésto es peligroso.

    Hasta el nacionalismo puede tener dos vertientes si lo pensamos bien: puede ser comprendido como compartir con los demás la belleza cultural de nuestro pueblo, ofrecer (no imponer) nuestra lengua y nuestro arte a quién quiera conocerlo y en cambio enriquecernos con la lengua, la cultura y el arte de los demás. Desde el miedo y la ignorancia podemos excluir al otro sin querer conocerlo y nos perdemos un mar de nuevas experiencias y sensaciones.

    Existe un libro de un escritor libanés al que personalmente admiro mucho y que te podría interesar; se llama “Identidades asesinas”, más info en este link: http://bibliotecaesceptica.wordpress.com/2009/12/02/identidades-asesinas-amin-maalouf/

    Muchas gracias por dedicar tus horas en intercambiar tus ideas con otros, así practicamos algo de gimnasia mental, que falta nos hace después de tanto culto al cuerpo. Pero esto es otro tema.

    Un abrazo,

    Birgit

    http://www.okteam.es

  2. Augustin 19 octubre 2011 1:13

    He pensado sobre este tema y llego a la conclusión de que es difícil librarse de él, ya que nos obliga a ser flexibles a la hora de analizar. Creo que estamos un poco obsesionados con la idea de clasificar a todos por su ideología, porque al final resulta casi siempre simplista: Ser de izquierda, de derecha, conservador, nacionalista, liberal, xenófobo, o “facha” (palabra utilizada alegremente, muchas veces sin reparar en su definición real). Muchos de nosotros tenemos tendencia a seguir ideales políticamente correctos en según qué momento. ¿Por miedo al rechazo? ¿Por desidia y comodidad? ¿Por todo un poco?
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